Mi pasión y admiración por la naturaleza surgió cuando era un niño. Por aquel entonces no paraba de leer libros sobre animales, principalmente de fauna africana, y me maravillaba con sus ilustraciones y viendo los documentales sobre naturaleza que emitían por televisión.
Con el tiempo, esta pasión ha hecho que mi profesión sea la de biólogo y trate de estudiar, proteger y conservar el entorno natural en el que vivimos. Paralelamente surge mi afición por la fotografía de la naturaleza que alcanza el clímax cuando viajo por primera vez, en el año 2004, a las míticas tierras africanas de Kenya y Tanzania. El sueño que tenía desde la infancia se convierte en realidad y desde entonces he quedado atrapado por la belleza de los atardeceres y de la fauna salvaje de África que trato de inmortalizar en mis imágenes.
Acabo de aterrizar de uno de los viajes más espectaculares que se pueden realizar en tierras africanas, la llamada Ruta del Okavango, en la cual he atravesado el desierto del Kalahari del lado de Sudáfrica, he recorrido el desierto del Namib y la costa de los esqueletos de Namibia hasta alcanzar las sorprendentes cataratas Epupa que hacen frontera con Angola. Pasando por el Parque Nacional de Etosha he llegado hasta las aguas del único delta que no desemboca en el mar, el Delta del Okavango, que vierte sus aguas en las arenas que dan paso al desierto del Kalahari en Botswana. Sobrevolando el delta he aterrizado a orillas del río Chobe, maravillándome de su abundante fauna, y tras varios kilómetros de viaje en camión he podido sentir el poder de uno de los mayores espectáculos de la fuerza de la naturaleza, las Cataratas Victoria. Finalmente y de regreso a Johannesburgo, punto de partida, he visitado el famoso Parque Nacional Kruger, que ha puesto el punto y final a este viaje de aventura.
Las siguientes imágenes son una muestra de lo que he podido ver durante el recorrido, son Visiones de África.
El primer destino fue el desierto del Kalahari en Sudáfrica, concretamente en el Kgalagadi Transfrontier Park, donde un par de jóvenes guepardos hermanos encuadrados dentro del marco que forma el seco y muerto árbol, caminan por sus dominios marcando el territorio al atardecer, territorio también de uno de los animales más simpáticos, el suricato, siempre alerta ante cualquier peligro (fotos 1 y 2).
Siguiendo el camino y ya en tierras namibias, lo que iba a ser una navegación tranquila por el Atlántico para avistar los pingüinos de Jackass (foto 3) se convirtió en todo un espectáculo y emoción al contemplar dos ballenas yubartas, también llamadas ballenas jorobadas, en su paso migratorio por estas costas. Jamás había contemplado una ballena de esta magnitud y os puedo asegurar que es una de las maravillas de la naturaleza más espectaculares que se pueden observar. Se dejó ver en varias ocasiones (foto 4).
Subiendo la costa se llega a Cape Cross donde se puede uno recrear con una de las mayores concentraciones de lobo marino que encuentran abundante alimento de peces debido al aporte de nutrientes de la corriente de agua fría procedente de la Antártida, llamada corriente de Benguela (foto 5).
Una de las panorámicas más espectaculares que se pueden obtener de las tierras africanas es la de sobrevolar en avioneta el desierto más antiguo del mundo, el desierto del Namib. Las dunas del desierto son muy interesantes de fotografiar ya que la luz que incide sobre ellas da mucho juego a la hora de la composición, las formas y las texturas (foto 6).
Sin cambiar de escenario, pero adentrándote en las entrañas del Namib, puedes alcanzar a experimentar cómo podría ser la vida en Marte, una vez que pisas el saladar del Dead Vlei, un lugar único y misterioso donde los árboles petrificados parecen guardar el secreto más antiguo de África (foto 7).
Tras un largo recorrido por los desiertos namibios, pasando Costa Esqueletos y llegando al norte, se encuentra un paraíso natural que hace de frontera con Angola, las salvajes cataratas Epupa. En una amplia extensión de palmerales y baobabs, las aguas del río Kunene se dejan caer formando uno de los espectáculos naturales de agua más sorprendentes (fotos 8 y 9).
De camino a Botswana se encuentra el Parque Nacional de Etosha, uno de los parques por excelencia del continente, donde la escasez de agua es el factor limitante para la vida animal y vegetal y por lo tanto la competencia es mucho más fuerte. En este caso vemos la gran concentración de diversos animales en los waterholes, únicos sitios en los que poder beber y lugares predilectos de los predadores para asaltar a sus presas mientras sacian su sed (fotos 10, 11, 12 y 13).
Ya en Botswana se llega al que es el lugar con más abundancia de vegetación y agua de estas tierras, el Delta del Okavango, vergel y paraíso de animales y destino final de la migración de muchos de ellos (fotos 14, 15 y 16).
El parque que más me ha sorprendido de África a la hora de realizar los safaris, es el Parque Nacional Chobe, en Botswana. Este parque protege una gran extensión de tierra y agua a lo largo del río Chobe en el que se pueden encontrar las mayores manadas de elefantes, hipopótamos, cocodrilos y búfalos. Aquí se puede conseguir el mayor acercamiento hacia estos animales y también la oportunidad de observar uno de los más escurridizos y bonitos que existen, el leopardo (fotos 17, 18 y 19).
Las Cataratas Victoria o también llamadas Mosi-oa-Tunya (el humo que truena), es uno de los mayores saltos de agua del mundo, y el más salvaje. Es impresionante el ruido del agua del río Zambeze al caer, se puede escuchar a kilómetros de distancia y da lugar al curso de agua con los rápidos más peligrosos en los cuales se puede practicar el rafting. El lado más interesante a la hora de fotografiar las cataratas es el lado de Zimbabwe, desde donde está tomada la foto (fotos 20 y 21).
El Parque Nacional Kruger, es el parque por excelencia de Sudáfrica, se puede recorrer en coche privado y por lo tanto puedes aprovechar el tiempo con mayor libertad. En este caso, pude recrearme y acercarme lo suficiente a un rinoceronte blanco y un guepardo, que con las primeras luces del amanecer y atardecer respectivamente, se encontraban alimentándose tras las gramíneas, bajo la atenta mirada de una juvenil águila de Bateleur. Termino esta serie de imágenes con la fotografía de la puesta de sol entre acacias, señal de que acaba un día más de vida y supervivencia en las míticas tierras africanas (fotos 22, 23, 24 y 25).
Equipo fotográfico:
Canon EOS 400 D
Objetivo Canon 100-400 mm f/4,5-5,6 EF L IS USM
Objetivo Canon EF 70-300 mm f/4-5,6 IS USM
Objetivo Sigma 17-70 mm f2.8-4.5 DC Macro
Isaac Fernández Galisteo