El hombre que ha hecho del sentimiento un valor

Mucho ha llovido ya desde aquella primeriza edición del Sónar en la que un joven compositor llamado Jay Jay Johanson nos dejaba atónitos con un estribillo pegadizo que decía “So tell the girls there I am back in town” haciendonos saber que germinaba algo épico en los países nórdicos.

Ubicación curiosa. Polideportivo de St. Gregori (cerca de Girona).
Definitivamente poco adecuada, pensé, para un artista de música tan cálida e íntima como es Jay Jay Johanson, pero rápidamente imaginé la ventaja del local que obviamente no era la sonoridad, teniendo en cuenta que hablamos de un espacio diseñado para dar patadas a un balón y sudar.
Poca gente, he aquí la gran ventaja.
Y así fue, me coloqué en primera fila sin que se invadiera mi espacio vital con carne de festival quinceañero hablando a grito pelado sobre lo bueno que estaba el batería del grupo anterior y acribillando a flashes de cámara a cualquiera que se pusiera encima del escenario.
Creo que la organización del festival coincidió conmigo al prever una afluencia de público escasa, a juzgar por la formación que llevaba el cantautor sueco: teclado y bases pregrabadas en un ordenador portátil.
Ésa fue la primera sorpresa de la noche porque siempre había disfrutado sus directos con una formación más generosa y orgánica. Ésta vez sólo dos personas sobre el escenario. Jay Jay Johanson y su fiel compatriota Erik Jansson a los teclados.

Al arrancar la primera nota del concierto un sensible pero contundente “Far Away” de su tercer LP lo transformó todo. Vi encima del escenario lo que Milán Kundera llamaría un homo sentimentalis, un hombre que ha hecho del sentimiento un valor. Mientras el escenario se llenaba por completo de armonía y emotividad llegaba mi segunda sorpresa, y es que mi alrededor se desvanecía por primera vez en muchos conciertos. Silencio entre el público, ninguna sensación de agobio, ni de calor ni de frío. Sólo él, su música, mi Gin-Tonic y yo. Jay Jay cantaba en el salón de mi casa. Plan perfecto o casi perfecto si obviamos el vaso de plástico.

Repertorio conmovedor, brillante y enternecedor saltando de un disco a otro escogiendo de cada uno los temas más melancólicos cómo “Tell Me When The Party Is Over”, “She Doesn’t Live Here Anymore, “Only for you”, “So tell the girls there I am back in town”, ” Even In The Darkest Hour” o “Wonder wonders” este último de su álbum más reciente. Este hombre ha madurado y ha dejado ya muy lejos aquel desafortunado intento de penetración al mainstream en el 2002 que tituló “Antenna”.

Finalizó con lo que fue mi tercera y grata sorpresa. Cuando yo ya estaba satisfecho y totalmente seguro que no tocaría su hit pistero “On the radio” del LP “Antenna”, entre otras cosas porque no tenía cabida ni lógica, no tan sólo se arrancó con él sino que hizo una versión turbadora bajando el tempo de la canción original a la mitad y sustituyendo el sintetizador de sonido casposo de los 80 y el ritmo básico del house más gastado que le precedía por unos arreglos de piano tranquilos y suaves como su voz, arropados por una base de trip-hop old school que me recordó, y lo digo con todo el respeto que se merecen, al “Blue Lines” de “Massive Attack”. Aquí demostró su auténtica esencia llevándose el revienta pistas a su verdadero terreno para moldearlo y moldearnos a su merced.

El Crooner electrónico de la “generación X” vuelve a flirtear con el jazz y lo hace con la maestría de los grandes.

Indispensables:

Wonder wonders
http://www.youtube.com/watch?v=U9cb1J6Q-RA&feature

Far away
http://www.youtube.com/watch?v=6W9IsPkHA5E

Quimi Torrecillas

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